Hoy amanece
tarde. A este día que es una víspera, le recortamos
la mañana para acortar la espera. Hoy es seis de julio y
el seis de julio empieza a una hora convenida y en un lugar previsto:
cuando dan las doce en la Plaza Consistorial. Ni antes ni en otra
parte. Lo anterior es silencio poblado de vacíos, o a eso
jugamos, como si el lugar y la hora borraran otros tiempos y otros
espacios, que sin embargo existen.
Porque antes de las doce, por las horas apresuradas que llevan a
la única plaza de la ciudad, los pamploneses celebramos la
"Marcha del Cohete". No busquen el festejo en el programa
oficial, que no viene; tampoco vendrá mañana en la
crónica del día. Pero existe y tiene sus horas y sus
escenarios propios, y el pálpito emocionado y emocionante
de los mejores ritos sanfermineros.
La marcha al cohete sube por Santo Domingo, baja por Carlos III,
cruza la Vuelta del Castillo, dobla las esquinas del callejero camino
del Ayuntamiento.
Miles de pamploneses avanzan hacia el andén, ligeros de equipaje,
para coger el tren de la fiesta. Puede oírse, en el silencio
de sus pasos, el temblor gozoso del bullicio que espera. Con el
pañuelo y la faja por banderas, parecen fugitivos de la normalidad
que se van e intrusos en
la fiesta que vine. Extraños en el paraíso prometido
y desterrados en su propia tierra.
Vestidos de Sanfermines, se han echado a unas calles que todavía
esperan la señal para amanecer y les contemplan con asombro.
Qué hacen, de qué hablan; porqué van con otros
pasos, por otros lugares, a otras horas, con otra ropa. Son figurantes
de una película muda en sus primeras secuencias, que aguarda
una mecha para encender la banda sonora. Entonces se encontrarán
de nuevo la ciudad y los ciudadanos. En ese instante preciso terminará
la marcha al cohete y empezará la marcha de unas fiestas
que serán ya, sin parada posible un ir permanente por un
tiempo difuso en el que todo lo que eres ya lo has sido antes, aquella
primera vez.
Aquí vivimos la fiesta al paso, de marcha en marcha, y agobiados
por un reloj parado que, sin embargo, da las horas. La marcha al
cohete, la de las dianas, la de la procesión, que encima
tiene octava: la marcha del encierro, la de las charangas, la de
las mulillas, la del pobre de mí.
Ir y venir sin parar, cada uno a lo suyo, que es lo de todos. A
nadie hay que contárselo, porque se nace aprendido, y ni
siquiera debemos tomar decisiones por que son las decisiones las
que nos van tomando a nosotros de año en año, al paso
de las fiestas. En esta ciudad, por
estas fechas, te paras un momento y te confunden con un mimo turuta
que hace de pamplonica para jorobar el paisaje.
En marcha hacía las doce, que ya es hora de que amanezca.
Esa mujer que dobla por Mercaderes, doblada por la emoción,
es Concha Fernández de Pinedo, la concejala del cohete. Mira
aquellos tres que pasan allá arriba, a lo lejos, son Manuel
Turrillas, Tomás Caballero y Paco Zubieta, sanfermineros
históricos: van a coger buen sitio para contemplar las primeras
fiestas que no celebran aquí abajo. |
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