En marcha

José Miguel Iriberri
Hoy amanece tarde. A este día que es una víspera, le recortamos la mañana para acortar la espera. Hoy es seis de julio y el seis de julio empieza a una hora convenida y en un lugar previsto: cuando dan las doce en la Plaza Consistorial. Ni antes ni en otra parte. Lo anterior es silencio poblado de vacíos, o a eso jugamos, como si el lugar y la hora borraran otros tiempos y otros espacios, que sin embargo existen.

Porque antes de las doce, por las horas apresuradas que llevan a la única plaza de la ciudad, los pamploneses celebramos la "Marcha del Cohete". No busquen el festejo en el programa oficial, que no viene; tampoco vendrá mañana en la crónica del día. Pero existe y tiene sus horas y sus escenarios propios, y el pálpito emocionado y emocionante de los mejores ritos sanfermineros.

La marcha al cohete sube por Santo Domingo, baja por Carlos III, cruza la Vuelta del Castillo, dobla las esquinas del callejero camino del Ayuntamiento.

Miles de pamploneses avanzan hacia el andén, ligeros de equipaje, para coger el tren de la fiesta. Puede oírse, en el silencio de sus pasos, el temblor gozoso del bullicio que espera. Con el pañuelo y la faja por banderas, parecen fugitivos de la normalidad que se van e intrusos en
la fiesta que vine. Extraños en el paraíso prometido y desterrados en su propia tierra.

Vestidos de Sanfermines, se han echado a unas calles que todavía esperan la señal para amanecer y les contemplan con asombro. Qué hacen, de qué hablan; porqué van con otros pasos, por otros lugares, a otras horas, con otra ropa. Son figurantes de una película muda en sus primeras secuencias, que aguarda una mecha para encender la banda sonora. Entonces se encontrarán de nuevo la ciudad y los ciudadanos. En ese instante preciso terminará la marcha al cohete y empezará la marcha de unas fiestas que serán ya, sin parada posible un ir permanente por un tiempo difuso en el que todo lo que eres ya lo has sido antes, aquella primera vez.

Aquí vivimos la fiesta al paso, de marcha en marcha, y agobiados por un reloj parado que, sin embargo, da las horas. La marcha al cohete, la de las dianas, la de la procesión, que encima tiene octava: la marcha del encierro, la de las charangas, la de las mulillas, la del pobre de mí.

Ir y venir sin parar, cada uno a lo suyo, que es lo de todos. A nadie hay que contárselo, porque se nace aprendido, y ni siquiera debemos tomar decisiones por que son las decisiones las que nos van tomando a nosotros de año en año, al paso de las fiestas. En esta ciudad, por
estas fechas, te paras un momento y te confunden con un mimo turuta que hace de pamplonica para jorobar el paisaje.

En marcha hacía las doce, que ya es hora de que amanezca. Esa mujer que dobla por Mercaderes, doblada por la emoción, es Concha Fernández de Pinedo, la concejala del cohete. Mira aquellos tres que pasan allá arriba, a lo lejos, son Manuel Turrillas, Tomás Caballero y Paco Zubieta, sanfermineros históricos: van a coger buen sitio para contemplar las primeras fiestas que no celebran aquí abajo
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